La mujer del vestido verde

El otro día, volviendo por mi calle, vi a una mujer con un vestido verde de flores. La verdad, me pareció que iba guapísima. Me dio la sensación de que había comprado ese vestido en cualquiera de las tiendas de ropa asiática que aparecen el barrio todos los días, en todas partes, a todas horas. Hablar del comercio de barrio ahora es hablar de la multiculturalidad, y es raro que haya una tienda como Corsetería Loli o Tienda de Ropa de Mujer Esperanza Rodríguez.

En fin, a lo que vamos. Llevaba un vestido verde de flores. En realidad, le sentaba muy bien. Me la imaginé saliendo de casa, viéndose en el espejo y diciendo: “Qué buena compra he hecho, la verdad. Tenía que haberlo hecho antes. No sé por qué no me animo a comprarme estas cosas, si luego me pongo contenta cuando me sientan tan bien.”

En fin, me di cuenta de que llevaba una mochila. Una mochila de estas que las asas son dos cuerdas y se anudan arriba tirando de las asas, las típicas de festival, de una conocida marca de productos de gimnasio tipo proteínas y avena y cosas así. Y me hizo mucha gracia imaginarme a esa señora con ese vestido antes de salir de casa, viéndose guapísima y diciendo: “¿Qué puede pegarme con esto?”

En realidad, no tenía ningún bolso que le pegara. O tal vez sí, y lo tendría guardado en un armario, porque las casas de los barrios obreros no tienen un armario en la puerta donde tienes colocados todos tus bolsos para poder elegir antes de salir de casa. Entonces, de repente, vio la mochila que su hijo había dejado, o su hija, porque en realidad esas mochilas las puede tener cualquiera, en la puerta, porque le vino de promoción con algún pedido que hizo a través de internet a esa marca de proteínas. Y dijo: “Qué moderna esa mochila, creo que me la voy a llevar.”

Y se la puso. Y ahí hizo que se cruzara conmigo por mi calle, justo poniéndose delante de mí para que yo me fijara en el vestido verde y en la mochila de la conocida marca de proteínas que llevaba en la espalda. Y pensé: “Pues la veo guapísima, me gusta.”

La jarra