
He escrito sobre ti. No es la primera vez ni la última. Me pregunto hasta qué punto es legal que yo lo haga y me pregunto si llegarás a saberlo y cuál sería tu reacción al darte cuenta de que el sujeto de mi texto eres tú. Te imagino leyendo, escuchando o viendo cómo alguien ha cogido tu vida (o un pedacito de ella) y lo ha utilizado para su bien. Cómo será ver el otro punto de vista de alguien con quien has compartido algo. Me pregunto si a veces los que nos consideramos escritores lo hacemos en un acto de libertad o por puro egoísmo, porque queremos mostrarle al mundo cómo ha sido algo que, desde nuestro punto de vista, nos ha afectado de una manera u otra.
Me imagino discutiendo los puntos de verdad y los puntos de mentira que consideras que pienso, y preparo en mi cabeza posibles respuestas que tengan sentido. Porque en el fondo no quiero que me odies y no quiero odiarte a ti. Pero creo que te he roto. O te me has roto. Me he dado cuenta de que tu recuerdo se ha convertido en otra cosa. No sabría cómo describirla. Me da miedo pensar que lo que para mí fue un mundo eterno para ti no sea más que una frase aislada de un cartel publicitario que un día viste en un viaje de carretera. Me da miedo que ni siquiera te importe tanto como para darle importancia.
Yo te imaginaba de una manera y ahora no eres así. El recuerdo de lo que eras ha sido sustituido en mi cabeza por lo que yo he querido que fueras y por eso digo que te me has roto. La responsabilidad es enteramente mía, por supuesto, porque una mente destinada a ordenar las cosas como a ella le viene bien tiene que entender que va a tener ciertos problemas. El tiempo pasa y cada vez te desdibujas más. También me parece curioso cómo me he montado ese mundo en mi cabeza cuando ni siquiera fuiste tan importante. ¿Lo fuiste? No sé. Puede que sí, puede que no, puede que nunca lleguemos a saberlo. Tu recuerdo sigue ahí, pero ya no sé si es tu recuerdo.
Me alegro de que lo que recuerdo fuera lo bueno, porque sería terrible vivir con un recuerdo horrible y haberlo sustituido por algo alegre, porque, entre otras cosas, sería engañarme a mí misma. Te me has roto o te he roto, y lo peor es que sigues siendo, estando, pareciendo. En tu mundo. Y me pregunto si en tu recuerdo yo también me he roto, si sigo íntegra o, lo más triste de todo, si mi recuerdo hace tiempo que dejó de ocupar espacio en ti.